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Pondelok, 27. marca 2017
Juan Rulfo: No oyes ladrar los perros
Dátum pridania:18.12.2007Oznámkuj:12345
Autor referátu:zuzka7
 
Jazyk:ŠpanielčinaPočet slov:951
Referát vhodný pre:Vysoká školaPočet A4:2.7
Priemerná známka:2.98Rýchle čítanie:4m 30s
Pomalé čítanie:6m 45s
 
La estructura de los personajes y la estructura social
(Borrador)

Juan Rulfo consiguió condensar a unas cuantas páginas una profunda tragedia de un nivel personal y social que se desarrollaba a lo largo de muchos años. En No oyes ladrar los perros el autor examinó los enlaces familiares tanto biológicos como emocionales y les comprobó mediante una situación existencial. Las imágenes son fuertes y los diálogos esenciales, pero la verdadera obra no está escrita en líneas, sino entre ellas.

Nos encontramos con los dos únicos personajes del cuento durante su viaje nocturno a Tonaya y poco a poco vamos descubriendo su situación, su historia, y sobre todo, la relación entre ellos. Ya en el principio aprendemos que el padre le está llevando a su hijo Ignacio en sus hombros porque éste está herido y necesita al médico. El peso del cuerpo de su hijo no solo cansa al padre, sino también le impide ver y oír su entorno. Por eso depende en Ignacio y le pregunta que si no oiga ladrar a los perros de Tonaya-el sitio de su salvación. Ignacio, por ser mal herido, cansado y al punto de desmayarse no oye ni ve nada. Juntos caminan así por unas cuantas horas tras un paisaje solemne, desconocido e iluminado por el único compañero de los dos viajeros, la luna.

La situación adquiere una nueva dimensión cuando el padre comienza con su monólogo dirigido al Ignacio en el cuál expresa sus sentimientos tan humanos y tan crueles al mismo tiempo. Ahora nos enteramos de que Ignacio está herido porque pertenecía a una bandilla criminal lo que su padre no le puede perdonar. Éste, a pesar de ser un villano sencillo, con su lenguaje llano manifiesta una profunda crisis personal. Por un lado se preocupa por su hijo y siente la obligación de salvarle, pero en el mismo tiempo le rechaza a Ignacio y se opone fuertemente a su manera de vivir. El padre internamente pasa de un extremo al otro y este cambio es acompañado por su propio tono. Cuando prevalece el amor fraternal, el padre le tutea tiernamente a su hijo y mantiene un tono muy personal y cariñoso, pero de repente se convierte en un juez, se dirige al Ignacio como a usted y mantiene esa distancia y formalidad. En esos momentos expresa su amargura, tristeza, dolor, desilusión y desesperanza causadas por Ignacio. Le habla de su difunta madre, de su infancia, de su pasado y presente y le critica de una manera muy directa, cruel y honesta. La oscuridad del entorno, la vejez y el cansancio del padre subrayan esta situación trágica. Ignacio no se defiende, está callado y nosotros no sabemos si su silencio implica una pesadumbre o un mal estado físico. En el principio le contesta a su padre, aunque negativamente, a sus preguntas sobre los perros y las luces de Tonaya, pide agua, quiere que su padre le baje, pero con el paso del tiempo se calla completamente y la única evidencia de su presencia aparte del peso de su cuerpo son gotas que el padre tiene por lágrimas. Nosotros no sabemos si tiene razón y las gotas realmente son el signo del arrepentimiento de Ignacio, o son la sangre, el signo de su muerte. Por fin los dos entran en Tonaya, el padre le baja a su hijo y con las orejas libradas oye claramente el ladro de los perros. Ahora tampoco sabemos si Ignacio está vivo o muerto, pero esta información pierde su significado con las últimas palabras del padre: “¿Y tú no los oías, Ignacio? No me ayudaste ni siquiera con esta esperanza.” En este punto culmina la tragedia de los dos y se resuelve la lucha dentro del padre. La última frase manifiesta que el amor por su hijo se une con los reproches y el padre habla con Ignacio con una ternura auténtica, pero admite que su hijo era una gran desesperación para él.

Aunque en este cuento la tragedia en el nivel personal se superpone a la del nivel global, los aspectos sociales se hacen visibles tras las vidas y las actitudes de los dos personajes. Según su lenguaje llano y sencillo, el padre forma parte de la clase más baja y podemos suponer que el hijo eligió un camino inaceptable para sus padres para escapar de la pobreza. Aquí se ve una paralela con Es que somos muy pobres y una continuación libre de la vida de Tacha mediante la historia de Ignacio. Uno puede adivinar que los padres de Ignacio se encontraban en la misma situación que los de Tacha y sentían el mismo resentimiento cuando sus hijos se rebelaron y adoptaron una manera de vida contradictoria a los valores morales de los padres.

Uno puede imaginarse lo herido que un padre tiene que ser para repulsar y maldecir a su propio hijo y casi podemos sentir el amor eterno que le dirige a ese mismo padre a atravesar los limites físicos para salvar su hijo. Aquí, otra vez, la pobreza material e intelectual no se tiene de mano con la pobreza moral y espiritual, sino todo el contrario. A lo mejor el enfado que el padre expresa hacia su hijo es en realidad su ira dirigida contra la sociedad que no le dio remedios para ayudarle a su hijo cuando era posible. Como hace años cuando su hijo nació, tanto ahora no bahía nadie quien quite ese cargo de sus hombros tan viejos y tan cansados.
 
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